Casi siempre escuchamos que las temporadas de tránsito son las que más disfrutamos, primavera y otoño. Y el otoño precisamente hace de todo por sanar en nosotros el estrés post vacacional, pone de su parte con ambivalencias y diversidad. Hay nubes grises aunque aún el sol pica. La brisa es constantemente fresca; y a la vez, el monte hierve en colores. Granito, musgo, vid y rito… Es necesario apilar la leña y hacer el fuego, y tantos sabores vendrán luego…..

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